Editorial: La guillotina no descansa
Por Edgar Tejerina Casablanca
En el fútbol boliviano no hay procesos: hay ejecuciones. Y los técnicos son las víctimas preferidas de una guillotina que cae sin aviso, sin análisis y, muchas veces, sin vergüenza.
Cuatro fechas bastaron para dinamitar cualquier discurso de estabilidad. Trece de dieciséis entrenadores fuera. No es crisis: es sistema. Un ecosistema donde el dirigente improvisa, el hincha presiona y el técnico paga la factura.
El libreto se repite hasta el cansancio. Se pierde un par de partidos, se activa el ruido externo, y la solución mágica aparece: cambiar al entrenador. Como si el problema nunca fuera estructural…
Más del 87% de los clubes cambió de entrenador en tiempo récord. Algunos por presión de la tribuna, otros por capricho dirigencial. Presidentes que deciden en caliente, sin proyecto, sin rumbo…
La Federación intenta maquillar el desorden con reglamentos que nadie respeta. Limitar a dos clubes por temporada suena bien en el papel, pero en la práctica es una norma que se gambetea…
Así, dirigir en Bolivia es aceptar un empleo con fecha de vencimiento incierta pero cercana. Nadie llega para construir: todos llegan para sobrevivir. La maleta no se desarma, el proyecto no existe…
La guillotina no descansa. Y mientras siga siendo más fácil despedir que planificar, el fútbol boliviano seguirá atrapado en su propia mediocridad.







