ALTA RELOJERÍA AL SERVICIO DEL DEPORTE

TRADICIÓN CON FUTURO
DE LUJO Y PARA LOS MÁS DESTACADOS FUTBOLISTAS DEL MUNDO

FUNDADA POR JULES LOUIS AUDEMARS Y EDWARD AUGUSTE PIGUET en el año 1875 en la localidad de Le Brassus del Vallée de Joux suizo, Audemars Piguet es una de las firmas más prestigiosas del selecto mundo de la Alta Relojería. A lo largo de su historia esta manufactura creo relojes con todo tipo de grandes complicaciones y ha generado un gran número de innovaciones y patentes.
En 1972, con el lanzamiento del Royal Oak diseñado por Gerald Genta, Audemars Piguet revoluciona el mundo de la relojería y dicta una tendencia que se mantiene hasta hoy en día, sobre todo en el mundo del deporte. Con este reloj de acero con brazalete integrado y el mismo nivel de acabados que sus relojes de oro, Audemars cambia las reglas y demuestra que la Alta Relojería no tiene porque estar reñida con el acero ni con la deportividad.


EL reloj deportivo de lujo, a partir del cual vinieron todos los demás, especialmente hoy en día, donde la categoría de reloj de lujo con caja integrada en acero es la más efervescente y la que cuenta con más marcas compitiendo. Pero todo surge del inmortal modelo creado diseñado por Gerald Genta para Audemars Piguet. Lo bueno que tienen los grandes diseños es que aguantan de todo, y hace ya mucho que el Royal Oak abrazó los metales preciosos y las más altas complicaciones. Recordemos, por ejemplo, que el año pasado el Gran premio de relojería de Ginebra fue a manos del Royal Oak Calendario Perpetuo, el más delgado del mundo. Dentro de esa línea de altas complicaciones en traje deportivo se enmar-ca el nuevo Audemars Piguet Royal Oak Selfwinding Flying Tourbillon, que además es novedad en la casa.
Este es un tourbillon de cuerda manual, y conserva los puentes tradicionales de los torbellinos clásicos. Ahora la marca presenta algo más moderno y con un movimiento que nunca antes se había usado en el reloj deportivo de lujo de la marca, el Calibre 2950 que se usó por primera vez en el Code 11.59. Y aunque éste no es el primer movimiento de tourbillon automático utilizado en el RO, sí es el primero en combinar un mecanismo de cuerda automática y una arquitectura volante.