CAROLINA NO SE RINDE

La atleta pasó en el exilio moral tras arrebatarle la medalla de plata ganada en Odesur. Dio positivo por tomar un sorojchi pill.  Hoy comienza una nueva etapa de su vida. Ella no desmaya.

Recibió el testimonio, aceleró y no pudo superar a una atleta venezolana, ingresó segunda a la meta. Luego corrió por la pista verde buscando abrazar a sus compañeras de equipo. Se reunieron las cuatro que integraron el equipo Bolivia que ganó la medalla de plata en la posta de 4×100 en los Juegos Odesur, y dieron rienda suelta a su alegría por haber logrado en casa un nuevo éxito, algo histórico en el atletismo boliviano.

Ese es solo hoy un recuerdo de la gacela del atletismo boliviano, Carolina Ocampo Barca, que tras su concurso en los Juegos Odesur 2018, fue sancionada por dar positivo en el dóping.

Carolina, hoy más delgada, habiendo superado la humillación que sufrió por un error al tomar un “sorojchi pills”, un medicamente para paliar un fuerte dolor de cabeza, aguantó por más de un año la vergüenza social tras ser despojada de esa presea y acosada para devolver los 5 mil dólares de premio que le había entregado el gobierno.

Caro está dispuesta a derrimirse de ese error, tras superar un daño físico y psíquico que sufrió por esa grave equivocación. “No hice trampa, no hice fraude”, dice firme al anunciar su pronto retorno a las pistas atléticas.

La condena social la agobió, la mandó al doloroso exilio moral por un error, pero como toda mujer, ella es valiente, fuerte y visionaria. Hoy anuncia su retorno al atletismo.

HISTÓRICO. El calendario marcaba el 7 de junio. Fue en 2018 en Cochabamba, estrenando un lindo y moderno estadio especial para el atletismo. Ella, Carolina Ocampo Barca (21), una simpática y esbelta jovencita tarijeña que vive desde su niñez en Santa Cruz, estaba feliz, ya que este cuarteto no solo logró el segundo lugar, sino que también batió el récord de la posta 4×100 tras 40 años.

AL PODIO. Carolina junto a su equipo que integraron Alinny Delgadillo, Guadalupe Torres y Danitza Ávila, subieron al podio, se cubrieron con la tricolor y festejaron la conquista con sus entrenadores, los dirigentes y el público.

Con su medalla colgada al pecho, Carolina fue citada al doping. Allí entregó sus pruebas de orina y sangre. Días después el Estado les entregó un premio de 20 mil dólares. Una de las chicas recibió el cheque y días después depositó a cada una 5 mil dólares.

MALA NOTICIA. El 3 de julio, Carolina recibe un llamado en su teléfono móvil y le piden revisar sus mensajes. Nerviosa, pero sin imaginarse que se le venía, lee y queda paralizada. Era la noticia del doping positivo. Luego le comunican que debe devolver la medalla y también el premio económico.

“Quedé fría. No sabía que hacer. Me pongo a revisar, leo y verifico todo lo que tomé. Sentí que se me derrumbaba el mundo. Me puse a llorar, hablé con mis papás y me encerré en mi cuarto. No quería salir ni a la puerta de mi casa”, dijo Carolina, hoy más delgada, madura, pero con el deseo de no renunciar a esta su pasión.

SU PALABRA. Dijo su verdad en todos los medios de comunicación que pudo. No hace mucho volvió a entrenar y quiere volver a las pistas a correr pruebas oficiales tras el año de suspensión que le impuso la Federación Internacional de Atletismo (IAAF).

A los atletas les gusta ganar por las recompensas que reciben a cambio. Compiten por la gloria, un concepto abstracto que se alcanza en los cielos y que en la tierra se traduce en dinero y en el derecho a ser admirado, reconocido como el mejor y venerado por todos.

El atributo de la gloria es la medalla, y su escenario, el podio, el único momento en el estadio en el que él se puede sentir físicamente por encima de todos.

SIN RECETA. Carolina relata que días antes de la prueba sentía un fuerte dolor de cabeza, el mismo era insoportable. Decidió ir a una farmacia cercana del hotel donde estaba hospedada y optó por medicarse pidiendo algo para reducir los efectos del “mal de altura” sin receta médica.

“Fui a la farmacia, pedí un ‘sorojchi pill’, porque estaba desesperada, me dolía demasiado la cabeza. Al no haber ese medicamente, me ofrecieron otro con los mismos componentes químicos. Estuvo mal auto medicarme, pero no sabía qué hacer con el dolor de cabeza”, contó la atleta.

Ocampo que formó parte del equipo boliviano de relevos 4×100 metros llegó a Cochabamba, una semana antes de su prueba consumió bio-electro y aspirinas para bajar las molestias.

“El día de la competencia me hicieron la prueba antidopaje, anuncié lo que había tomado en esos días, no tenía receta de un médico de Odesur, no tenía nada, sólo fue mi palabra. Revisando el envase de la pastilla para el mal de la montaña, dice que contenía acetazolamida y en un porcentaje prohibido, se me escapa de las manos”, dice muy apenada la atleta chapaca que perdió muchos kilos de peso y bastante masa muscular.

REPORTE. Envió una carta al Comité Olímpico Boliviano explicando cronológicamente lo sucedido tras conocer el resultado analítico adverso de la muestra de orina, y en esa nota explicó qué tomó un medicamento que está compuesto por la sustancia acetazolamida, elemento que pertenece al grupo S5 de diuréticos y agentes enmarcantes de la lista prohibida por la Agencia Mundial de Antidoping.

“Juro que jamás busqué sea una ventaja. Llevo tantos años corriendo y nunca me paso esto, se trataba de mi primera medalla internacional. No salía a la calle, porque sentía que todas las miradas me apuntaban”, acota.

La velocista insistió que en ningún momento de su carrera como deportista recurrió a otro tipo de sustancias prohibidas y como descargo se hizo el lunes 9 de julio un análisis de toxicología de sangre y de orina dando negativo.

NENA. A sus ocho años en vez de jugar con muñecas se divertía corriendo. “En el colegio les ganaba a todos, incluso a mis compañeros varones”, recuerda entre risas la velocista de 21 años catalogada como la más rápida de Bolivia con una marca de 11 segundos y 99 centésimas en los 100 metros de la categoría U23.

Esta marca la logró el 20 de septiembre de 2017, superando al récord nacional que tenía en su poder la atleta Isabel Alemán con 12.23 y que fue registrada el 23 de julio de 1977.

Con un talento innato y pasta de ganadora también es dueña de una elegancia imponente y sonrisa que en su mayor esplendor se observa cuando se encuentra en una pista.

GENES. Al talento y la pasión por el atletismo es justo reconocer que Carolina heredó los genes de su madre, Silvia Barca, que también practicó 100 metros planos y saltó al aire. “Ella me llevaba a los entrenamientos cuando era chica”, cuenta la deportista que cursa la carrera diseño integral en la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno.

MARCAS. Entre los títulos importantes que ha logrado figuran haber batido el récord nacional U-23 que estuvo vigente en el país por 40 años. Además de representar en la final de 100 m plano, en los bolivarianos de Santa Marta, Colombia 2017, prueba en la que tradicionalmente Bolivia no figura en las competencias internacionales. Todo esto sin mencionar que arrasó en los Juegos Plurinacionales.

SUEÑO. Carolina viajó a la Argentina y se especializó en peluquería. Quiere pronto aperturar un salón de “first class” al igual que su tía. Ya es una especialista en decoloración.

“Me gusta desde niña y me agrada tanto que peino y cortó a mis amigas o las amigas de mi mamá”, sostiene,PADRES. Carolina que vuelve, que no se rinde, es una agradecida con sus padres que nunca la dejaron sola ni abandonaron, como alguna gente del atletismo que la ignoró, que la puso en el exilio. Carolina vuelve para ser la #1 del atletismo boliviano.