Las preocupaciones le ganan por ahora a las ilusiones.

No ganamos ninguno de los tres partidos jugados en la Copa América. Todos nos ganaron con tres goles y solo hicimos dos.

El arranque de Bolivia en la Copa América 2019 fue decepcionante. Tras el debut con un 0-3 ante Brasil vino el 1-3 ante Perú, en el grupo A del campeonato sudamericano de selecciones. Al cierre de esta edición Venezuela, nos dejó en la lona con otro 1-1 y todo terminado quedó sabor a poco.

Ciertamente no vamos a decir que sorprenden las derrotas, ante tres seleccionados que en la actualidad se encuentran en un nivel superior al nuestro, basta recordar que vienen de jugar la última Copa del Mundo, a la que en cambio Bolivia no clasifica hace 25 años.

Perder ante ellos no es lo que motiva las críticas.


Lo que enciende las alarmas es que Bolivia hubiera mostrado escaso peso ofensivo. Ante Brasil crear una opción de gol fue virtualmente una misión imposible, mientras que ante Perú hubo cierta mejoría, pero en el balance general queda la impresión de que anotar ante la portería rival sigue siendo una asignatura pendiente.

Es llamativo también que en ambos partidos el seleccionado se desinflara en el segundo tiempo. Una explicación rápida apunta al estado físico, que es inferior en el caso de Bolivia al de otras selecciones.

Pero también incide la forma de jugar, porque al no tener la pelota, el cuadro nacional hace el desgaste y de tanto corretear tras la pelota muchos jugadores terminan ‘fundidos’.

La Copa América siempre ha sido considerada “un laboratorio de ensayo”, porque precede a los partidos de clasificación a la Copa del Mundo. Una vez pase este invierno, la mirada estará puesta en Qatar 2022. Y por lo visto en los partidos en San Pablo y Río de Janeiro, la selección boliviana tiene mucho que ajustar.

Es cierto también que se trata de una etapa de recambio. Con un entrenador que lleva seis meses de trabajo y nuevos elementos, en etapa de recambio. Pero el DT tiene que dar oportunidad a los que destacan en nuestra Liga, que es la base de un seleccionado casi sin legionarios. Si convoca a nuevos valores, los debe hacer jugar. Ya tienen algún rodaje en torneos de Conmebol.

Y la directiva de la FBF debe evitar salir con declaraciones desafortunadas, como la del presidente César Salinas luego del traspié con Perú. La dirigencia es la que tiene mayor cuota de responsabilidad, sea para bien o para mal. Hace falta programar más amistosos, más periodos de entrenamiento. Mejorar el nivel del torneo interno. Reforzar la formación en divisiones menores.

Por ahora, son más las preocupaciones que las ilusiones.