Bolivia una selección confundida, desordenada e inocente

BOLIVIA
Una selección confundida,
desordenada e inocente

Por Antonio FARÍAS GONZALES
|Fotos: Jorge Abrego y Patricia Pinto

Cada eliminatoria, cada partido que nuestra selección disputa con miras a un mundial, renueva las esperanzas de millones de aficionados que, ilusionados, comienzan a vivir el sueño de una clasificación.
Los sueños son eso nada más, pueden estar asentados so-bre algún dato de la realidad pero son fantasías del sub-consciente, ficciones de la mente, que terminan cuando el soñador despierta.
Bolivia despertó de su efímero sueño mundialista, que en la última fecha clasificatoria se pareció más a una pesadilla.
Venezuela y Chile despertaron con un balde de agua fría a quienes aún soñaban y dejaron al descubierto los grandes defectos, errores e inferioridad que vive el presente del fút-bol nacional comparado con el de Sudamérica para no ir más lejos.
Y es que el sueño de llegar a Catar se basaba en los núme-ros -que tampoco eran muy favorables- pero nunca en ra-zones netamente futbolísticas.

SUPERADA MENTALMENTE
Bolivia arribó a la calurosa Barinas para disputar la fecha quince. La esperaba una Venezuela motivada por el debut de su nuevo entrenador, el argentino José Peckermann, y sus deseos enormes de ganar.
Bolivia, como no ocurría hace mucho, llegaba al cotejo co-mo favorita por los triunfos
contundentes ante Paraguay, y Uruguay, y la mala campa-ña de los venezolanos.
Sin embargo, el rendimiento boliviano era deficiente jugan-do de visitante mientras que Venezuela había mostrado un fútbol agradable pese a las continuas derrotas.
La ingenua Trinidad y Tobago fue el sparring en un amisto-so previo que tuvo como resultado un cinco a cero a favor de Bolivia, que mostró un buen funcionamiento como equi-po y contundencia para culminar las oportunidades ante el arco, pero también quedó la sensación de que no se le ha-bía ganado a nadie y el amplio marcador no llamaba a en-gaño sobre las posibilidades en tierras llaneras.
Al parecer los jugadores bolivianos olvidaron en el vestua-rio del Agustín Tovar todos los conceptos trabajados pre-viamente.
Un cuarto de hora inicial bien jugado, tomando la iniciativa aunque sin profundidad, hasta que cayó el primer gol del local y toda la estantería boliviana, sustentada en ilusiones antes que en realidades, se vino abajo.
Bolivia fue superada en todos los sectores, en todas las lí-neas, colectiva e individualmente.
Y lo que es peor, fue mentalmente superada pues, cuando faltaba una buena cantidad de minutos para el final, bajó los brazos y dejó de competir.
El gran error en salida desde el área mayor, compartido en-tre Quinteros, Bejarano y Lampe, cuando Bolivia ya había descontado el marcador, sumió al equipo en un caos aními-co y un descontrol emocional del cual ni aún los más expe-rimentados, como Martins o Arce, lograron rescatarlo.
La confusión alcanzó a César Farías quien se decidió por un sistema con línea de tres en el fondo que fuera del país nunca le dio resultado, y la inclusión de Diego Bejarano en una insólita posición de central por derecha que el cruceño no conoce ni entiende.
Farías no obtuvo respuestas desde el banco, ni fue capaz de contrarrestar el planteamiento de su colega durante el desarrollo del partido.
El 1-4 fue justo y pudo haber sido más amplio si los venezo-lanos acertaban al pórtico de un desconsolado Carlos Lam-pe.
Bolivia sufrió en Barinas una derrota incuestionable y ver-gonzosa.

CUESTIÓN DE JERARQUIA
Chile es el rival más odiado en lo futbolístico, enfrentarlo significa experimentar recuerdos atávicos de fracasos que no tienen que ver con el deporte precisamente.
Es un encuentro que excede lo futbolístico, se entromete el patriotismo, rozando el chauvinismo.
Ganarle a Chile es cuestión de honor, arruinarles la fiesta, quitarles el cachito de luz de esperanza, humillarlos si es posible, mucho más si se juega en La Paz.
Ganar a Chile incrementa la autoestima del hincha, perder es una afrenta.

Y BOLIVIA PERDIÓ NO MÁS
Chile fue muy superior aún cuando tuvo que replegarse de forma intensa durante veinticinco minutos en la segunda etapa.
Nunca golpeó, no hizo tiempo, jugó sin trampas, expuso su fútbol e impuso su mayor jerarquía individual y de conjunto, un conjunto mejor trabajado y con experiencia internacio-nal.
Alexis Sánchez dio una lección de fútbol y vergüenza de-portiva.
El cuadro nacional deambuló durante la primera etapa, ja-más encontró el balón -los chilenos se lo ocultaron con simpleza- y al parecer los dirigidos por Farías no planifica-ron una manera efectiva de recuperarlo.
En la segunda parte, el combinado verde salió a jugarse el todo por el todo, encajonó a los chilenos, apretujados con-tra su arco, con más ganas que fútbol, más entusiasmo que prestancia, mayor voluntad pero escaso juego, juego que muy pocas veces tuvo a lo largo de la competencia.

NO FUE SUFICIENTE
La velocidad vertiginosa, con algo de pausa gracias al ta-lento de Ramiro Vaca y el empuje de Henry Vaca, ambos incluidos en la etapa final, provocó errores en la defensa de la Roja.
Ramiro Vaca, Marcelo Martins, Juan Carlos Arce y Fernan-do Saucedo contaron con claras opciones para anotar.
Pero Chile no desperdició las suyas y Lampe fue víctima, una vez más, del acierto rival.
Bolivia no fue inteligente, condición imprescindible para triunfar, ni mucho menos eficiente.
Fue desordenada e inocente en ambos cotejos.
No supo actuar de favorita ante los venezolanos ni fue he-roica frente a los chilenos.
Nuestra selección fue motivada para lograr el éxito, pero sin la estructura táctica ni la jerarquía individual y, menos, la sabiduría de su conducción técnica para lograrlo.
Los resultados negativos obedecen pues, en este caso, a una lógica de trabajo y falta de planificación adecuada.
Y el fútbol, creame amable lector, tiene mucha lógica y poco azar.

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