EL MUNDIAL DE LOS YUNGAS

CHICALOMA LOGRÓ SU SÉPTIMO TÍTULO INTERYUNGEÑO DE LA MANO DE
AUGUSTO ANDAVERIS, Y UN FOTOPERIODISTA NOS CUENTA SU EXPERIENCIA EN ESE ÚNICO TORNEO.
Por Jaime Alejandro Alvarez
Sonó el despertador a las 4.30 de la mañana, me levante de la cama para alistar el equipo fotográfico que siempre me acompaña en mis coberturas. Debía estar a las en la Plaza del Maestro, y no podía atrasarme. Llegué y no había el minibús que debía llevarnos junto a otros compañeros, después de diez minutos llegó, lo primero que hice es preguntar: cuales de mis compañeros iban a cubrir este “Mundial de los Yungas”… como dicen.
Don Félix, el conductor, empezó a llamar uno por uno y se escuchaba al otro lado del teléfono una serie de respuestas, como “es que muy temprano”, “me dormí” o simplemente el teléfono lo tenían apagado.
La premura del chofer de partir ya no más, se debía a que a las 9 de la mañana en Coroico se realizaría un ampliado de choferes, por el problema un supuesto sindicato y su competencia desleal. Se debía estar en Coroico a esa hora ya que además, se temía que por el problema no iba a haber movilidad para llegar a esta localidad desde la Terminal de Minasa.
Al promediar las 7 de la mañana llegó Erick Sandóval, conocido periodista, y ya éramos dos locos rumbo a cubrir el “Mundial de los Yungas”. Antes de partir el conductor decidió subir más pasajeros en la terminal, para completar el cupo del minibús, claro está, que con dos personas no justificaba el costo.
Llegamos a Coroico, lo primero que hicimos con Erick, es comer algo para luego tomar movilidad a Cruz Loma, donde se realizaría la final del torneo Interyungueño.
Más o menos, 15 a 20 minutos, nos tomó llegar al lugar, la temperatura era agradable.Ese instante, entramos al escenario deportivo y escuché la famosa saya de Chicaloma, que se alistaba para alentar a su selección.


Me comentaron, y había visto en algunas fotos, que este es un fútbol apasionado, sin limites, hasta exponen el físico sin temor. A las 13.30 horas, las selecciones Cajuata y Cotapata midieron sus fuerzas en un partido amistoso previo a la gran final. Llovió, por momen-tos la neblina hacia que mi lente no enfocara, aún así fui testigo de la entrega y la pasión de cada uno de los jugadores.
Sonaron las distintas barras, tanto la de Chicaloma como la de Coroico, ingresaron los jugadores en un campo de juego lleno de barro por la lluvia y no tanto césped, pero eso no importaba se jugaba para ser campeón del “Mundial de los Yungas”.
Había mas barro y agua en el campo de juego, pero los jugadores se daban íntegros para lograr su objetivo de salir campeones. Ese momento recordé por que amo mi trabajo y porque decidí ser fotógrafo, en algún instante lo había olvidado, pero recordé al ver como estos jugadores no les importaba la lluvia, el agua, menos el barro, solo corrían detrás de un balón y con pasión querían hacer ingresar el esférico el al fondo de la redes contrarias. Recordé que no importa donde estés, o donde te lleven tus piernas, mientas la cámara te acompañe, eres testigo y estas ahí para contar historias a través de una foto y más aún, si esto es lo que amas, valió la pena el sacrifi-cio de madrugar, recordé y escuché gritar un gol; gritar ser campeones hasta que no tengas aire en los pulmones, lo viví en “vivo y en directo”, me emocione y ahora sé porque realmente le dicen el “Mundial de los Yungas”.

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